En España CEAS reconoce errores de ‘Vacaciones en Paz’, en 2018 viajaron “26 menores de origen Saharaui no asumidos”

MADRID (ESPAÑA). Viernes 7 de junio de 2019 (AGENCIA DE NOTICIAS RPTV). Se supone que en veinte días empezarán a llegar a las Comunidades Autónomas los menores de origen saharaui participantes en el programa Vacaciones en Paz, pero viendo las Memorias de Balance de los resultados de los dos últimos años, hechas por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara, CEAS Sahara, tras la famosa “Jornada de Coordinación de VEP” que se hace anualmente, la verdad es que resulta difícil de creer que sigan siendo capaces de dar continuidad a un programa político repleto de problemas que ellos mismos reconocen en dichos documentos (se añaden los enlaces al final del post).

CEAS RECONOCE LOS ERRORES DE VACACIONES EN PAZ, ENTRE OTROS, QUE EN 2018 VIAJARON A ESPAÑA “26 MENORES DE ORIGEN SAHARAUI NO ASUMIDOS”.

Para empezar, dicen que es “para niños de 8 a 12 años sin excepción y que repetirán los niños de 12 años nacidos a partir del 15/06/2005”, es decir, mayores de 14. Mal empezamos, porque sí hay excepción entonces. Ya no son tan niños y, en plena adolescencia, resulta aún más complicado su acogida, lógicamente. Parten de premisas de por sí erróneas. Verán ustedes. Según la Memoria de CEAS 2018 sobre VEP, “la totalidad de las asociaciones afirman tener alguna ausencia el día de los vuelos, bien porque los niños no se presentan en el aeropuerto el día de la salida por miedo a volar, intentos de fraude o porque los menores no querían venir a España”.

Sin embargo, eluden mencionar que no todos los niños y niñas que disfrutan del programa son los que realmente estaban incluidos en las listas originales. Se producen cambios entre miembros de la misma familia, incluso tribu, se venden plazas y la voluntad de las familias biológicas no siempre es proclive a permitirles viajar. Los menores no deciden ir o no al aeropuerto, ¿o es que nadie controla quién sube o no a los camiones en los que desplazan a los grupos de niños desde los campamentos? En cualquier caso, estamos de acuerdo con CEAS en que “no se debe obligar a venir a los menores que no quieran hacerlo”, porque ya saben ustedes que en esta plataforma estamos en contra de que se obligue a las personas a hacer cualquier cosa en contra de su voluntad sólo por el mero hecho de seguir alimentando negocios.

En cifras se traduce rápido. En 2018, la organización de Vacaciones en Paz tenía prevista la llegada de 4.158 menores. Vinieron efectivamente 3.902, por lo que hubo 256 niños menos. Lo curioso es que, en su tabla, CEAS identifica “230 ausencias” y “26 niños no asumidos: 10 a Andalucía, 4 a Asturias y 12 a Cataluña”. ¿Qué significa “no asumidos”? ¿Acaso viajaron a España 26 menores sin custodia ni vigilancia? ¿Quién ha permitido eso? ¿A esto le llaman “transparencia y buen hacer”?

Según la Memoria 2018, “algunas asociaciones optaron por sustituir estas ausencias con visados de reserva, pero no todas ven esta solución como una buena opción”. Pues ya nos explicarán qué significa eso, porque CEAS reconoce que, en ocasiones, las ausencias se conocen, pues los menores avisan a las familias de acogida de que no van a venir y, en otros casos y por otros motivos, se sabe de antemano que esos billetes no van a ser ocupados. Al final, todo esto repercute, obviamente, tanto en la imagen de la organización del Programa, en su credibilidad, en pérdidas económicas, en pésima gestión y en la decepción de las familias de acogida, que esperan la llegada de menores que no llegan.

En sus conclusiones, salen a la luz las verdades de la falta de coordinación entre las asociaciones y el Ministerio de Educación y las delegaciones del Frente Polisario, así como plantea problemas reales efectivos, como son: 1) Los monitores, una cuestión de preocupación creciente para los organizadores, ya que la selección se hace en los propios barrios de cada campamento con el criterio de “incentivar” a trabajadores, facilitarles el acceso a tratamientos médicos o, simplemente, para que viajen a España. Estas personas no tienen ningún compromiso con el programa ni realizan ninguna actividad, excepto acompañar a los menores en el viaje de ida, porque lo cierto es que no regresan a los campamentos. 2) La situación de los niños que vienen a España a casa de miembros de sus familias biológicas está generando problemas, principalmente porque potencia las posibilidades de que se queden irregularmente y consideran que “el programa no debe ser un método de reagrupamiento familiar encubierto”. 3) El constante “agobio” por parte de las familias biológicas a las de acogida, que envían a los niños con listados de peticiones, para algunos inalcanzables. 4) La desigualdad entre el número de niños y niñas participantes y otros problemas generados por las familias biológicas que “hay que solucionar”, aunque no los especifican, etc.

Lo cierto es que las familias saharauis manifiestan su preocupación por el respeto a los valores tradicionales del pueblo saharaui, tanto en sus aspectos culturales como religiosos y consideran que, durante su estancia en España, los menores -sobre todo las niñas- viven en un entorno “más liberal” y al retornar, se tiene que readaptar y sus comportamientos generan conflictos. No podemos obviar que en los campamentos ya no viven en la situación de aislamiento de antes. Ahora hay teléfonos móviles, televisión y ordenadores, que permiten acceder a información con rapidez. Los menores regresan a los campamentos con aportaciones económicas de las familias de acogida, que varían en función de la capacidad económica de cada una, y esto, además de contribuir a mejorar las condiciones de vida y de alimentación, también ha creado con los años unas diferencias sociales entre aquellos que acceden al programa y los que no.

Por ello, la población ya no vive exclusivamente de la ayuda humanitaria, sino que ha ido accediendo a ayudas directas de las familias de acogida, hecho que ha provocado que exista una economía de mercado y la sociedad saharaui de los campamentos se haya vuelto consumista, provocando, al mismo tiempo y en el mismo grado que las necesidades, un incremento de la delincuencia, la inseguridad y conductas disociales. Con todo ello, cada vez son más lo menores que se cuestionan por qué ellos deben vivir en esas condiciones en el desierto y otros, siendo también saharauis, tienen acceso a muchas cosas de las que ellos no disponen por pertenecer a una u otra tribu, por ejemplo,

Por si fuera poco, CEAS reconoce, por ejemplo, que la utilización del servicio que ofrecen la Fundación “Ruta de la Luz” (oftalmología) ha sido bastante desigual, ya que en algunas asociaciones el 100% de los menores han pasado las revisiones y se les ha dotado de las gafas necesarias (La Rioja y Navarra), mientras en otras no ha usado este servicio ninguna familia (Asturias, Cantabria, Extremadura, Islas Baleares). En alguna comunidad han aprovechado este servicio el 50 % de los menores y en otras, como Madrid, se han beneficiado un porcentaje ínfimo 11 menores, de los 240 que fueron acogidos o en Valencia, que se han beneficiado 5 menores del total de 161. Total, que el propio movimiento solidario reconoce que tampoco se logran los objetivos básicos de acceso a mejoras en la salud. Vamos, que vienen a la piscina o a la playa y luego, a las niñas, se les pasa factura por usar bikini. Si es que…

En la mayoría de los casos, según CEAS, los gastos generados por el programa se cubren a través de subvenciones concedidas por los ayuntamientos y las diputaciones provinciales de los diferentes territorios, “pero, en demasiadas ocasiones, estas ayudas se deben complementar con fondos propios de las entidades -cuotas de personas asociadas, donaciones, premios, loterías y otras actividades-, en caso de que dispongan de estos recursos, cosa que no siempre es posible”. Vaya… Se le “olvida a CEAS mencionar las cuantiosas sumas otorgadas por los Gobiernos autonómicos. Así, sin ir muy lejos, ponemos como ejemplo a Extremadura, cuya Junta ha otorgado 100.000€ de subvención de concesión directa para Vacaciones en Paz, más 25.000€ de la Diputación de Cáceres y otros 30.000€ de la de Badajoz (sin contar las que hayan podido conceder corporaciones locales). 155.000€ para 110 niños, cuando actualmente sólo tienen 50 familias de acogida.

Señores, todo esto ¿cómo se come? Y a todo esto, no olvidemos que este emblemático programa, al que este año le faltan familias de acogida por doquier, es el caldo de cultivo de los secuestros de mujeres españolas y residentes en España cuando son adultas. Es hora de pararse a pensar, especialmente las administraciones públicas españolas, que estamos como para andar tirando cohetes en este país.

Memoria Balance VEP 2017
https://ceas-sahara.es/…/memoria-balance…/vacaciones-en-paz/

Memoria Balance VEP 2018
https://ceas-sahara.es/…/memoria-balance…/vacaciones-en-paz/

VACACIONES EN PAZ 2018
100.000€ (Cooperación del desarrollo por concesión directa)
http://www.juntaex.es/…/2018/resoluc…/Resolucion_CA_2018.pdf

Instrucciones por las que se determina el procedimiento para autorizar la residencia temporal de menores y la estancia de los monitores, de origen saharaui, en España en el marco del Programa «Vacaciones en Paz 2018»https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2018-8435

FUENTE TRIBUNA LIBRE       /   Fuente: La libertad es su derecho