Alexander Rubiano, conocido en el mundo artístico como Alex Rubiano “el Rubi”, nació el 20 de septiembre de 1962 en Bogotá, Colombia. Desde pequeño mostró una inclinación especial hacia el arte gracias a la influencia de su padre, quien trabajaba en la restauración de piezas religiosas en yeso. En su hogar, Alexander observaba cómo las manos de su padre devolvían la vida a ángeles, flores y murales de las iglesias, aprendiendo que el arte no solo es belleza, también memoria y reconstrucción. Esa cercanía despertó en él una pasión que marcaría para siempre su destino.
Sueños de infancia y un giro inesperado
En su adolescencia, el artista Rubiano soñó con ser torero. La plaza de toros La Santamaía, cercana a su hogar en el barrio Las Cruces, fue el escenario de sus primeras aspiraciones, aunque con poco apoyo. Sin embargo, el destino lo guio hacia otra arena: la del arte. La pintura, la escultura y la cerámica comenzaron a ocupar un lugar central en su vida, encontrando allí un espacio donde podía expresar emociones y transformar vivencias en creaciones tangibles. Artes que con el pasar del tiempo se convirtieron en su refugio, en una manera de dialogar con la vida. Lo que comenzó como un giro inesperado terminó siendo el verdadero camino de un hombre que decidió enfrentar la adversidad con creatividad y fe en sí mismo.
El trayecto de Alexander no ha estado libre de dificultades. Con recursos limitados, logró ingresar a la Universidad Nacional, donde cursó tres niveles de extensión en pintura, óleo y cerámica. Paralelamente, alcanzó su bachillerato industrial en el Centro Educativo Microempresarial Rafael Núñez, con énfasis en costura y confección, oficio que también utilizó como medio de subsistencia. Durante más de cuatro décadas, Rubiano ha perseverado en su deseo de consolidarse como artista, luchando sin el respaldo de instituciones culturales que lo visibilicen. Su historia es la de un creador que se abrió camino con disciplina y convicción, demostrando que el talento no siempre requiere avales, sino pasión y entrega.
Obras con esencia y memoria
La obra de Alexander Rubiano es diversa y cargada de significado. Entre ellas destaca Rosa Solitaria, inspirada en la frescura de la naturaleza, o Bodegón de naranjas, jarra y pimentón, creado hace 15 años con óleo y basado en objetos cotidianos que evocan la sencillez de la vida familiar. También figuran piezas como Anclaje en el Pacífico, con relieves que evocan recuerdos de Cartagena y la memoria de épocas de esclavitud, o Naturaleza Muerta, pintada hace dos décadas y conservada con un cariño especial. Sin embargo, sus obras no forman parte de una producción artística constante: las realiza por encargo, lo que hace que cada creación sea aún más personal y única. Esta característica refleja no solo su estilo, sino también la realidad de un artista que depende de oportunidades puntuales y muy escasas para mostrar su talento.
Humildad y pobreza, la otra cara del artista
Hoy, con más de 45 años dedicados al arte, Alexander Rubiano es testimonio de perseverancia y amor absoluto por su vocación. Conocido como el Rubi, sigue creando pese a las limitaciones económicas. Como la mayoría de artistas en Colombia, no ha tenido apoyo, ha vivido siempre en la humildad y la pobreza, y no cuenta con un trabajo estable. Como miles de colombianos empleados en la informalidad, vende lo que sea para enfrentar el diario vivir.
Hoy su anhelo es obtener una pensión para terminar el resto de su vida, que sería de menos de medio salario mínimo legal vigente cada dos meses, que se lo otrogaría el ministerio de Cultura, dinero que, al menos, le permita tener el pan de cada día. Su historia demuestra que, pese a la adversidad, la pasión puede mantener vivo un sueño durante toda una vida. Alexander Rubiano es un creador formado, dedicado y resiliente, que nos enseña que el verdadero arte se construye con las manos, pero sobre todo con el corazón.



